Burro: La pregunta de los millones. No se que decirle mi fiel subdito... las preguntas teológicas le quedan bien a los teólogos. Yo soy burro.
Emilo: Usted perdone majestad. ¿Yo qué soy?
Burro: El sentido de lo nimio racionalemente hablando. Es lo complejo, usted es como... un fiel borrego sin lana. A quien el lobo busca para conversar.
Emilo: !Pero majestad! Yo siempre creí que era un lobo.
Burro: ¿Usted un lobo? !Le digo que es lo nimio de lo racional! Usted es un borrego. Piense en su borreguez. Nadie más borrego que usted. Usted se determinó como un borrego feroz.
Emilo: La inversión de la caperuza. Ahora un borrego que traga algo más que vegetales.
Burro: Y que se traga a quien lo alimenta.
Emilo: Esque soy un borrego feroz.
Burro: Y tonto...
Emilo: Majestad, entonces ¿Iré al cielo?
Burro: !Le digo...! ¿cómo explicarle? ¿si las tontas no van al cielo, lo tontos irán?
Emilo: Majestad, sus preguntas son magistrales, pero no las entiendo. Quiero decir: ¿será que mi desnudez borrega me muestra como lo que seré?
Burro: Usted sólo es borrego y será y hará lo que el rebaño: Un borrego feroz que se alimenta de su propio pueblo.
Emilio hace reverencia al Burro, se inclina, le besa la pata y se va. Sin lana, un borrego feroz desnudo ante la asnez...

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