Si tal vez o sólo entonces el mundo dejará de pedorrear banalidades yo y usted cooperaríamos para que las Naciones Unidas se convirtieran en Unidas Naciones y enfrente de la casa del otro le podríamos poner ese nombre a su calle pero también es necesario decirle a aquellos que yo y usted estamos presenciando ¡babadalgharaghtakamminarronnkonnbronntonnerronntuonnthunntrovarrhounawnskawntoohoordenenthurnuk! para concluir gritando en el cielo que dimos en el clavo para la deconstrucción del “yo” (fórmula einsteniana sacada de la ecuación A=Z♪ > poética noética. )
Solamente un antidogmático se expresa no frecuentemente así, soy semejante a aquel a quien al reconocerlo como hombre, fundo para que me reconozca como tal. El hombre es una máscara, es lo que no es y no es lo que es. Así que yo y usted es un silogismo puñetero, el otro es lo que importa y sin aquellos no tiene valor.
El yo llueve salamandras y reptiles por lo tanto existe la necesidad de repararlo lingüísticamente con otro yo (que no sea yo y usted). No con mi mismidad ni con usted, recuerden que yo y usted no existen sino solamente en la mente de algunos otros, por ejemplo, si yo no es exactamente otro, tiene no obstante la notable propiedad de errar sin perderse entre el fuera y el dentro. Yo es otro y otro es yo: es el sentimiento de todo proletariado un poco consciente. Por consecuencia el otro es un juego y aquellos dedujeron que yo no es nadie, pero al mismo tiempo yo es todo. En última instancia, yo soy que soy y, yo y usted y los otros y aquellos tecnificamos el valor equivalente.
Chespiritu, desde Germania
