Es triste alejarse de los otros. Pero mejor si los otros sólo han límitado con su soberbia diaria. Así es como se formula nuestro acaecimiento, constante, delineado sólo por la huída. Dicho alejamiento permite segmentar el ánimo diario caminándo, mirándo, dilucidándo el colapso interno con la mirada. Todo es como nube solitaria, sin forma de animal u objeto, sólo nube en un cielo que parece obscurecerse todos los días con un hastío horrendo que paraliza. La mañana harta, la tarde harta y entonces llega la noche que salvaguarda los ecos de los seres que se desplazan en la ciudad. Una mano que toma otra mano y que glorifica con la palabra la muerte del día. Entonces, el ateísmo se hace una blasfemia porque las manos que chocan hacen deidad, rito y mito.
¿Cómo alimentarse de la hipocresía de los otros si se han mostrado con la mirada y las palabras? Ahí está el alejamiento a aquel que saluda estúpidamente sin conocer de fondo el origen de su propia lengua: Principio de la tragédia personal. Nos ahogamos con palabras que desconocemos y que a pesar de ser fulminantes están en el encuentro.
Ribexa zata
¿Cómo alimentarse de la hipocresía de los otros si se han mostrado con la mirada y las palabras? Ahí está el alejamiento a aquel que saluda estúpidamente sin conocer de fondo el origen de su propia lengua: Principio de la tragédia personal. Nos ahogamos con palabras que desconocemos y que a pesar de ser fulminantes están en el encuentro.
Ribexa zata

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