No evadirse con la expresión: evitar la moderación de comentarios debería ser un principio autónomo de nuestro reconocimiento de la responsabilidad en todo momento. Comprenderse en la precisión del derecho con respecto a la reciprocidad de la palabra y nada más. Sí, esta precisión erradica toda pretenciosa armonización falaz del sentido crítico que los conocedores tienen, es por lo tanto, apelar al asalto a la razón para darle a nueatras propias capacidades el derecho a la palabra: distribuir nuestra palabra, la palabra a la que han encimado un discurso que ha eclipsado el devenir.
Ahora todo es una resistencia aunque sea en apariencia. Se ha volcado estúpidamente la palabra en favor de las aporías de generaciones que pretenden adoptar una postura profunda, disque reflexiva: decadente, de barba Hippie burguesa, es decir, decadente y arrogante. Dando entrada al seguimiento de los pastores: Dandole al rebaño el camino al que ha de guiarles aunque este camino sea no darse cuenta que la sombra nos sigue cuando hay iluminación. Todos ellos evitan la moderación de los comentarios con la abstinencia a la praxis y lexis, arguyen que la imagen que se crea es soberanamente distante de su propia realidad, todo eso con situacionismo que no dicen otra cosa que una indiferencia que da más importancia a los prefijos que a los verbos de cada oración. De este modo, la expresión puede ser una evasión cuando lo que se dice no tiene el mínimo de coherencia con la imagen y la realidad. Admitiendo que cualquiera que las proporcione puede ser el pastor que ha de moderar cada comentario, cada palabra hasta ensombrecer a cada paso la voluntad de poder.
Ribexa zata

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