Tiempo en andanzas
A veces llegan tardías las tempestades. A cada instante mientras el tiempo sigue su curso la carne se añeja: la forma-cuerpo se torna una multiplicidad de arrugas. El delirio durante la caminata tardía se compone de un todo material que se disloca en un espíritu que se a quebranta y se adjunta. Surge la imperiosa tarea de hacer una interpretación del delirio y el espíritu dislocado en el espacio a manera de forma que se quebranta y se articula. Forma que no da línea a nada y simplemente se abstrae se hace de sí a partir de sus tempestades tardías. Justamente, en las tempestades la rectitud solo cabe como rechazo de sí mismo. Para ser más específico: Nadie es una forma acabada y cada momento resurge la idea del alejamiento a lo que como dogma crea corderos. Y lo único que reconforta es el lenguaje; y en lo único que se deforma es en su lenguaje; Y en aquello que niega esta su constante delirio. En su poesía no hay señor sino un tú que niega el usted que es autoritario. Tú eres el otro que me fragmenta y me deforma con el usted que añeja mi andanza. Para ser más directo el hace lo que quiere sin mentir con la mirada; él se miente a sí mismo porque lo desea, nadie lo obliga: el es la forma que se quiere crear: es el vínculo de él con el otro porque quiere que sea de ese modo. Así el tiempo da forma a las andanzas que cotidianamente hace. Sí, esto es una contradicción que sofoca la respiración de la que nadie se escapa porque se parte de una andanza que es tiempo: la vida. Esa vida que es infierno y que brinda la posibilidad de negar más sufrimiento; o si se quiere ver felizmente esa nítida alegría que se atesora solo unas cuantas veces. Todo esto es un fragmento, la andanza es uno de tantos fragmentos que se torna discurso y excurso a la vez en la que el espacio es también poesía. El se usa así mismo: es signo y forma que se dobla y desdobla en un filo. Él lo hace así mientras camina: Enseña a usar el lenguaje. Los signos y las formas para tornarlas doble filo. Ian se funda y se fundamenta en su poesía o simple y sencillamente se destruye sin más explicaciones: El canario se vuelve canto de sí mismo y con este lleva el árbol del reposo a una lenta muerte: un árbol seco con HOJAS secas. Hace del canto del canario la muerte del árbol; una primavera que se torna invierno canto de vida que se hace constante en muerte: canario-árbol, vuelo-reposo que quiere negar algo. Interpreto sí, quizás el futuro sufrimiento de otros.Así pues su canto en la calle se torna apacible y anárquico. La voz resuena entre oídos ensordecidos por la apatía y la decidía. Es un tiempo acumulado, ciudad no añeja que se ha ensordecido por las detestables risas de hipócritas. Para que hacer infiernos si ya se vive en uno. Ellos que condenan con sus risas atrofian la posibilidad de aquello que se torna canto del canario. Ellos, niegan eso que Es el fuego que se reanima con su condenado. Aquí está la tardía tempestad que se hace presente: es el tiempo que se condensa en las andanzas.
A veces llegan tardías las tempestades. A cada instante mientras el tiempo sigue su curso la carne se añeja: la forma-cuerpo se torna una multiplicidad de arrugas. El delirio durante la caminata tardía se compone de un todo material que se disloca en un espíritu que se a quebranta y se adjunta. Surge la imperiosa tarea de hacer una interpretación del delirio y el espíritu dislocado en el espacio a manera de forma que se quebranta y se articula. Forma que no da línea a nada y simplemente se abstrae se hace de sí a partir de sus tempestades tardías. Justamente, en las tempestades la rectitud solo cabe como rechazo de sí mismo. Para ser más específico: Nadie es una forma acabada y cada momento resurge la idea del alejamiento a lo que como dogma crea corderos. Y lo único que reconforta es el lenguaje; y en lo único que se deforma es en su lenguaje; Y en aquello que niega esta su constante delirio. En su poesía no hay señor sino un tú que niega el usted que es autoritario. Tú eres el otro que me fragmenta y me deforma con el usted que añeja mi andanza. Para ser más directo el hace lo que quiere sin mentir con la mirada; él se miente a sí mismo porque lo desea, nadie lo obliga: el es la forma que se quiere crear: es el vínculo de él con el otro porque quiere que sea de ese modo. Así el tiempo da forma a las andanzas que cotidianamente hace. Sí, esto es una contradicción que sofoca la respiración de la que nadie se escapa porque se parte de una andanza que es tiempo: la vida. Esa vida que es infierno y que brinda la posibilidad de negar más sufrimiento; o si se quiere ver felizmente esa nítida alegría que se atesora solo unas cuantas veces. Todo esto es un fragmento, la andanza es uno de tantos fragmentos que se torna discurso y excurso a la vez en la que el espacio es también poesía. El se usa así mismo: es signo y forma que se dobla y desdobla en un filo. Él lo hace así mientras camina: Enseña a usar el lenguaje. Los signos y las formas para tornarlas doble filo. Ian se funda y se fundamenta en su poesía o simple y sencillamente se destruye sin más explicaciones: El canario se vuelve canto de sí mismo y con este lleva el árbol del reposo a una lenta muerte: un árbol seco con HOJAS secas. Hace del canto del canario la muerte del árbol; una primavera que se torna invierno canto de vida que se hace constante en muerte: canario-árbol, vuelo-reposo que quiere negar algo. Interpreto sí, quizás el futuro sufrimiento de otros.Así pues su canto en la calle se torna apacible y anárquico. La voz resuena entre oídos ensordecidos por la apatía y la decidía. Es un tiempo acumulado, ciudad no añeja que se ha ensordecido por las detestables risas de hipócritas. Para que hacer infiernos si ya se vive en uno. Ellos que condenan con sus risas atrofian la posibilidad de aquello que se torna canto del canario. Ellos, niegan eso que Es el fuego que se reanima con su condenado. Aquí está la tardía tempestad que se hace presente: es el tiempo que se condensa en las andanzas.

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