miércoles, 16 de julio de 2008

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No hay necesidad de abstraer la realidad racionalmente ni con una logística argumentativa lúcida o de agudeza, sólo observar la crudeza de que el sistema conduce el modo de vida hacia un matadero, y todos nosotros estamos inmersos. La robotización humana ipso facto simula un engranaje, es la vanguardia de la alienación en masa, corrompe lo natural que existe en el hombre. Ahora el hombre se comporta como las manecillas de un reloj acelerado y eso es verdaderamente antinatural.
El sistema ha condicionado la mente colectiva cada vez más sutilmente con la tecnología, y tal vez en este siglo XXI sea devorado con la electricidad de los mass media, un sistema mundial que de trasfondo dirige el terrorismo, toda esa mentira social que de generación en generación ha perdurado: naciones, religión organizada, internacionalismo diplomático, guerras en nombre de la paz, paranoia frenética de la búsqueda de la felicidad con el dinero, posiciones sociales o jerarcas, instituciones. Estas últimas, ahora bien, son las que inyectan ponzoña letal al territorio mexicano y a sus pobladores. Las instituciones mexicanas son las que matan al mexicano promedio, al campesino, al obrero, las clases marginadas, los más vulnerables. México está jodido por siglos de los siglos, son las reglas que impone el sistema mundial, el sistema imperialista. Es así que las instituciones públicas de México santifican diariamente la ignorancia. Pues, así, indiscriminadamente este es uno de los objetivos del sistema, y el sistema mexicano ha llevado esta cruzada viciosa oficialmente desde hace 7 décadas y fracciones con el nacimiento del PRI, no obstante con la llegada de los españoles y las nuevas colonias y el virreinato, la imposición a una esclavitud se ha mantenido y era coloreada con otras formas de crueldad; de ahí la explotación del mexicano y su perenne falta de identidad.
Por otro lado, vemos con insensatez que el sistema moldea a las personas, las pre-fabrica por etapas, es decir, del periodo escolar a la universidad para luego esculpirlas al modo y la mentalidad del sistema. Todo el sistema nervioso del sistema es elaborado por tecnócratas, de ahí la consistencia de apostar o invertir en las universidades públicas para pasar a tecnológicas. Es por consiguiente que el sistema educa y crea el prototipo de individuo que necesita. En este sentido el sistema es utilitarista, utiliza bases de manipuleo para que los administradores del Estado contengan a sus gobernados en un total pasivismo, sin cuestionar nada y con información mutilada sobre la realidad social y sus circunstancias para no reflejar un pensamiento independiente, libre por sí mismos, y por consiguiente, para que los sujetos estén aún más sujetos al sistema de dominio, al sistema de exterminación de su individualidad. Esta ambición mediocre del sistema de controlar y poner en cautiverio a las personas en ayuntamientos, municipalidades, organismos gubernamentales, poderes mediáticos como la brutalidad policíaca y la represión son la siniestra representación de no permitir una evolución en la autodeterminación de los individuos para su crecimiento y perfección.
Las sociedades creadas por el sistema tan truculentas desde todos los ejes y cuya falacia de modus vivendus, de la vida cotidiana, de los grises días de la monotonía y todo el engaño e hipocresía de los cerdos políticos que se llenan la barriga con mal oliente grasa de ilícito dinero y que –utilizando los términos de Schopenhauer- barajean los destinos de los hombres y las ciudades, son un sistema de putrefacción y de contradicción, no logrando elevar percepciones más genuinas y los orígenes de una auténtica vida con rasgos parecidos a una antigua doctrina de Belleza y Amor.
El sistema cuadricula las percepciones de sus dominados, así como las escuelas erradica con la imaginación de los niños, así también el sistema limita las posibilidades de crear las ciudades del futuro donde la pobreza no tendría razón de ser. El sistema domina y de ello surge la indiferencia de crear una humanidad más resplandeciente, regocijante de libertad –una ÉPOCA DE ORO cantarían los poetas-, los individuos entregados generacionalmente por el sistema a sus reglas, se tornan indiferentes ante las circunstancias de su vida y al control que de ella tienen.
Pero también beber de las entrañas del sistema vuelve neurótico y degradante a estos individuos. Hay muchos que se arrodillan ante él, viven de él, lo deifican para glorificar arrogantemente su existencia burguesa por la explotación de los demás y perpetuando asimismo una vida insana. Algunos políticos de nuestra comedia mexicana suelen decir que vivir fuera del presupuesto es estar en el error. Esta es la estúpidez cuya batalla se busca como sinonimo de confrontación, se transforma, se contiende; esta sistematicidad daña la imagen del hombre haciéndolo abyecto: imposiciones… un sistema que se cierra al libre pensamiento.
El sistema tiene su vena arterial del cual tienen conocimiento de ello los librepensadores y los artistas revolucionarios.
Porque el arte es revolucionario y no convencional
Porque el arte es una arma pacífica y revolucionaria para desmantelar el sistema
La conciencia artística nace para combatir al sistema y su fealdad de realidad.

Axlugo